Nos hemos quedado en casa, hemos aprendido a encontrar nuevas formas de estar cerca y a encontrar más tiempo para nosotros. Puede que más allá de aprender nuevos idiomas, haberle dado una oportunidad al yoga, leído ese libro que durante tantos meses había ocupado nuestra mesita de noche o haber cumplido las expectativas de nuestro armario con el famoso mantra de Marie Kondo. Pero puede que, simplemente, más allá de todo esto hayamos aprendido algo mucho más valioso: la importancia de todas aquellas pequeñas cosas que nos brindaban tanta felicidad y dábamos por sentado antes del confinamiento.
Y ahora, tras meses de estar en casa, avanzamos hacia una nueva fase: la “nueva normalidad”. Sabemos que “la luz al final del túnel” está cada vez más cerca. La recta final ha empezado, y tal vez por ello sea la parte más difícil, pero también es la que nos ha permitido recuperar el brillo de esperanza en la mirada y mirar al futuro con otros ojos.








